Hablemos mal de José Altuve… Si es que podemos
Foto: Zimbio
Las votaciones para el Juego de Estrellas de esta temporada dejó una clara tendencia irreversible: Nadie está cansado de José Altuve. Es él, y solo él, el hombre del momento en las Grandes Ligas. El que podría reinar en el universo pelotero si a alguien se le ocurriera realizar unas elecciones generales para definir a un líder. El rostro y cuerpo más reconocido en los mayores diamantes del mundo.
Hallar la explicación de la popularidad que lleva al camarero de los Astros de Houston a ganar con holgura la recolección de sufragios, con 3.405.815, casi 500 mil más que el segundo lugar Freddie Freeman (2.905.301), es tratar de bucear a puro pulmón en aguas profundamente subjetivas. Nos ahogaremos y, con toda la seguridad, floraremos boca abajo con las manos vacías de respuestas.
Tal vez es la sencillez de su estampa. Es el muchacho que no luce como un atleta y es mejor que aquellos que cumplen con todos los requisitos físicos. Es lo más parecido a una historieta fantástica de Stan Lee, algo así como Peter Parker y la picada de una araña. Aunque es mejor que dejemos esa idea hasta allí; sería muy extraño decir que Altuve tiene poderes ofensivos porque fue mordido por un bate (¿?).
Él es el tipo bueno. Astro Boy le llaman. El que siempre da todo por el equipo y al que la gente quiere ver en el plato cuando se necesita un batazo para ganar. Es necesario que tenga un enemigo, alguien que esté harto de sus cosas; un Doctor Malito que diga: “Ya estoy cansado de Altuve, porque tiene de malo…”, hasta allí llega una frase que todavía no encuentra un buen argumento para ser finalizada.
Con un gato pedante en el regazo, caricias automáticas sobre su cuello y una macabra paz en el rostro -a lo Lex Luthor- pensamos: “Altuve no debe ser perfecto… ¿Qué lo puede hacer despreciable?”.

No está en problemas ni dentro y ni fuera del campo; su conducta es intachable. Los periodistas de Houston tratan –hasta se esfuerzan- que hable un poco sobre él, que le dé una galletica a su ego, y sólo reciben respuestas como: “Yo soy un miembro de este equipo. Hago las cosas para ganar juntos, y todo el crédito se lo llevan los muchachos”.
No sería prudente señalar sus dotes con el madero; el bateo es para él lo que fue para Mozart la música. Tampoco su defensa de la segunda almohadilla, que es mejor de lo que parece. Lidera con ejemplos a lo Messi, y luego baila alegre a lo Ronaldinho.
Debe tener algo malo… ¿Qué tal su pasado? Pero que va… Para este villano, que tiene una tasa de éxito más parecida a la de Mojo Jojo que a la del Profesor Moriarty, la historia de Altuve es un camino equivocado. El ayer no es su debilidad, sino su fortaleza. Es el joven en el que nadie creía y al que siempre le recomendaron que se dedicara a otra cosa; el que perseveró y ganó.
Bueno, es un tipo impaciente. Eso sí se puede decir. No es alguien que vaya al home con el plan de esperar el lanzamiento perfecto con el estoicismo de la mujer del Muelle de San Blas. No. Altuve ataca lo que se le venga encima, aunque tampoco es que tiene el mal gusto de Vladimir Guerrero.
Lo malo para este cerebro del mal que trata de encontrarle la quinta pata a un gato que ha ganado premios de belleza –y lo bueno para Altuve- es que muchas veces los lanzadores lo pueden pasar con malos pitcheos. Su éxito de contacto a envíos fuera de la zona, de acuerdo con FanGraphs, es de 72.5% y la media de las Grandes Ligas es de 62.7%.
Amaneció este miércoles como el segundo mejor bateador de la temporada, con .334 de promedio, muy pegadito de Mookie Betts. Es por eso que hay muchas posibilidades de que gane su cuarto título de bateo de la Liga Americana en los últimos cinco años… ¿Eso no es dictadura…? Sí, creo que lo es… Entonces es eso: Altuve, por muy bueno que parezca, es un tirano del bateo. Es alguien que no ha dejado espacio a los demás. El autócrata del madero.
Queremos creer que hemos encontrado el lunar en el nuevo rostro del beisbol y que somos la oposición que el gobierno de Altuve necesita… Aunque, para ser sinceros, no hemos servido de nada, y tal vez después de este discurso la popularidad del camarero aumente un poquito más.
Hemos fracasado en el campo de la vileza.
Escrito por: Beisbol Creativo

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